9 oct. 2009

Después de la crisis, viene la copa.

El sol continúa oculto, la almohada no aísla los fuertes sonidos provenientes del despertador, y de pronto el recuerdo del número cinco se vuelve el principal motivador para iniciar el día con el pie derecho.

Cada gota de agua procedente de la regadera eriza los vellos del cuerpo, aún con la baja temperatura del líquido, el cese del canto matutino resulta imposible, una serie de estornudos al cubrir el cuerpo desnudo no es asociado en ninguno momento a la alza de contagiados por influenza en Jalisco y el festejo en la Minerva.

Frente a la mesa, en espera de ser consumidos, el “desayuno mexicano (en tiempo de crisis)”, se encuentra estático, un vaso de leche y una pieza de pan, la cual se percibe peculiarmente exquisita, sin reflejar las penas que sus homólogos pasan, sin saber que Calderón exhibe al por mayor el dinosaurio que lleva dentro, con un candidato único para dirigir el CDN que posiblemente pierda “por un dedo” la mayoría.

Paraguas en mano, llaves del vehículo, botas de plástico por posibles pero sobre todo comunes inundaciones, lonche para el medio día, todo ello fundamental para salir de casa y comenzar la rutinaria jornada con riñas entre compañeros, reclamos al jefe y discusiones con los superiores. Sin embargo el aditamento principal, el que mejora el uniforme aún cuando este oculto, aquel que no combina no puede ser olvidado.

Risas, aspiraciones y anécdotas son los acompañantes perfectos para el inmejorable ritmo de trabajo, ¿narcotráfico?, a ese tema se le apretó el botón de pausa, “La Familia” pasa a segundo término, ¿el conflicto en Honduras? Muy lejos, aunque no tanto como Michael Jackson y su nariz falsa.

Una invitación a brindar retiene la hora de salida, al retirar el uniforme una playera sudada es admirada por todos, sin el logotipo de las tres barras, tampoco el de la palomita, es verde y tiene el escudo nacional en el pecho, se parece a la de Giovanni, Vela y Juárez los mejores de la Selección Mexicana, sí, la que logró la exitosa venta de cervezas que desde hace vario tiempo no se veía.

¿Y la crisis económica acompaño el festejo? Cómo si estaba avergonzada, ¿para qué salir estos días de su lugar de origen?, sí al cruzar la frontera sería recibida con burlas y un saludo a cinco dedos. Les ganaron a los chiquitos, es cierto, pero de aquí al 12 de agosto, por fin México tiene algo que celebrar.

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