15 mar. 2013

De Tijuana B.C. ¡Now in Las Vegas!




Ojos pequeños y rasgados, grandes y oscuros, verdes o azules, voltean extrañados a un local diferente al de los alrededores. No tiene luces asombrosas, ni una arquitectura temática y mucho menos reproduce las canciones del momento;  en el fondo se escuchan los corridos, la banda o el mariachi.

No venden combos pero al comprar tu platillo, sin costo adicional, te ofrecen cebollas y chiles asados, deseando no resulten demasiado picosos a los turistas.

Pepena, asada, adobada, buche y chorizo conforman el menú de “Tacos el Gordo”, pinturas de diferentes regiones de México adornan el lugar, pero es una hielera de la Michoacana la que engalana el sitio y se convierte en una de las mejores sorpresas para los “paisas” en la avenida principal de Las Vegas.


29 nov. 2011

Quisiera tejer una cobija que cubra a México


Resultaba irremediable no despertar con el gélido roce del viento contra la piel, una caricia áspera que obligaba a todo el cuerpo a posicionarse en forma fetal.

Nunca se debió poner la “sensualidad” por encima de unos pies calientes; la búsqueda de calcetines entre las sábanas procedió con el pie derecho, cada movimiento llevaba a un lugar más frío que el otro.

¿Una cobija más? Se necesitaba demasiada valentía para cruzar la habitación en medio de esa atmósfera, lo único que se podía hacer en esos momentos era aferrarse a lo real, a ese textil tamaño matrimonial.

Una sensación aún más helada recorrió mi sangre, imaginaba a las miles de personas estremecidas una con otra para aprovechar el calor más económico, el humano.

A la familia que solamente se podían aferrar a una fogata, en la que se desprendían de sus objetos “valiosos” para mantenerse calientes. Amanecerían al día siguiente, pero no tendrían esa silla en la que sentaba papá a desayunar después de regresar de su empleo como velador.

Tanto el TimeLine como el Muro se enfriaban cada vez más debido a comentarios como: “Puto frillazo”, que era colocado como estado, “Amanecimos a 1°” aparecía en Twitter, “Vete a la v…. frío”, etc… las redes sociales se habían convertido en una sección de clima, sin el mapa detrás, únicamente su cama, su hogar.

Quejarse del temporal está en boga, aparecerá en los TT quizás, serán los estados más comentados… máximo por 3 días, al igual que sucedió en tiempo del calor; para aquellos a los que no leemos no será una moda será una prueba de supervivencia.

22 nov. 2011

Chivas matonas

Esquivan la disciplina no portando el uniforme de su colegio, prefieren llevar la camiseta de su equipo favorito a cada entrenamiento, fingir un momento que el portero es Luis Michel y no el propio Juanito que no atrapa ningún balón.

Cada juagada “maestra” hecha por sus ídolos el fin de semana era automáticamente la próxima prueba a lograr, aquel apodado “Chicharito” tenía el compromiso de ser el primero en cumplirla.

El interescuadras comenzó, el equipo con casaca marcó primero; el autor del gol llamó con los brazos a su compañero que le dio el pase.

-Quédate quieto-, le dijo.

Rápidamente levantó su mano derecha, hizo la forma de una pistola con sus dedos y apuntó a la frente del otro jugador.

-¡Pum!-. Se escuchó el sonido proveniente de los labios del goleador.

“La víctima” se tiró hacia atrás sin necesidad de un libreto, “improvisando” de manera subconsciente, representando una problemática social de la cual antes de un 5-2 poco sabían.




1 jun. 2011

Vacante de Empleo: Obligatorio ser mexicano

No son lámparas las que iluminan la ciudad, pareciera que el fuego proveniente de los amantes envueltos en pasión es la sinergia adecuada para “prender” aquella larga avenida.

La diversidad de hoteles no se compara con el sinfín de culturas que transitan por las calles, distintos rasgos, lenguajes, vestimentas, la mayoría reunidas en el mismo punto geográfico guiados hasta ahí por tres aromas irresistibles para los humanos: dinero, alcohol y sexo.

Al terminar su viaje, los verdaderos ganadores del “Jackpot” son los proveedores de estos sustentos banales. Pero son las necesidades básicas aquellas que orillan a realizar el trabajo sucio, el anterior, antes de “sellar el trato”.

Hay prostitutas de todas las nacionalidades, sexos, razas, edades, copas, etc…son vendidas a los turistas como el “producto de casa”, las penurias que no son consumadas en el hogar otorgan excelentes clientes, aún así es necesario un canal de comunicación que deje claro al consumidor donde conseguir la mejor mercancía.


Después de la extenuante jornada matutina, con un rostro cabizbajo, ahora como “vendedores por catálogo”, ahí están, en la banqueta, aglutinados en la avenida, bajo la limitada oscuridad, utilizando playeras de colores vivos, resaltadas por el tono mestizo de su piel; en éstas hay siluetas de una exuberante mujer inclinada hacia abajo, flexionando sólo una pierna, logrando el realce de su trasero, con una densa cabellera larga, en el centro, con tonos más oscuros, figura una serie de números, o simplemente usan la convencional "Girls Direct to you in 20 minutes".


A cada paso hay uno, situados en fila, ejecutando los mismos movimientos, en las dos manos portan un puñado de tarjetas, los golpean en sentido opuesto, formando una cruz y un singular sonido al colisionar. Cuando un turista -sea mujer u hombre, adolescente o adulto, esté con su familia o solo- camina cerca extiende la mano para entregar aquel pedazo de papel.



Algunos evitan tomarlo, como si fuera el medio de contagio de una grave enfermedad, otros las arrebatan como al café y galletas en una conferencia aburrida, las ven, “son repetidas” así que deciden tirarlas.



Un mosaico de papiro se extiende por el concreto, alterado por el viento, por el propio andar de las personas. Kristy, Jamie, Kim están debajo, desnudas, exagerando gestos pues tocan el cielo, hay estrellas en su cuerpo.

Aquellos meseros entregan un menú sumamente descriptivo, pues sólo hablan un lenguaje, todos callan, pero debajo de esos colores eléctricos de sus playeras, tienen su lado animal, una serpiente… devorada por un águila.


Fotografías tomadas de internet.

17 mar. 2011

Un crucero; dos esquinas

Su mano sujeta una esponja, gotas de agua se derraman al compás de sus movimientos. Es ignorado, no necesita hablar para saber lo que desea, no es sólo su ropa mojada combinada con polvo y un poco desteñida, tampoco su ubicación en el crucero, él quiere dinero; la cabeza gira de un lado a otro, con el gesto de desaprobación que realiza la cabeza de inmediato queda claro que no lo obtendrá de ese vehículo.

Ella porta guantes blancos, muestra sus palmas al frente, sus dos manos tienen sincronía, están firmes. Su boca no se abre en ningún momento, pero su cara presencia un baile, las lineas de expresión se llevan los aplausos; su piel es morena pero lo ha intentado ocultar con una capa de pintura blanca, también está en un crucero y sí, si quiere dinero.

El parabrisas necesitaba ser tocado por el jabón, lamentablemente un mal día del conductor pohibió tal romance, ni siquiera les concedió una oportunidad, esa era la cuarta vez en el día que no le permitía a su vidrio delantero tener aventuras con “cualquier” detergente.

Los diez dedos quedan a pocos centímetros de los cristales, simulan tocarlos. Los pasajeros olvidan el tráfico, se ciegan de los colores del semáforo , prestan sus sentidos, excepto el del oído, a cada ejecución del inusual suceso. Ellos sí emitian sonidos, reían.

Cuando otros permitían la unión de estos elementos, el claxon era el primero en sufrir, en cada “alto” se debía esperar la consumación de la relación para poder avanzar; antes o después de la jornada laboral, siempre estaban ahí, era automático el rechazo a dirigirles si quiera una mirada, mejor ni pensar en un peso.

Otros automovilistas envidiaban al privilegiado vehículo, su vista dejaba de ser periférica para centrarse en una sola persona. Era claro el deseo insacible del tacto por tocar el parabrisas, había una barrera invisible que los contenía. Pero al final el placer llegaba, se bajaba el vidrio y unas monedas tenían un vínculo satisfactorio con aquellas manos, protegidas, no con látex pero si con tela blanca.

11 mar. 2011

No sólo ganas dinero en el casino


Desde la oreja, recorre su mejilla, llega a su cuello, baja y regresa en especie de "u" hacia su barbilla; es una cicatriz de aproximadamente 30 centímetros, una delgada línea que es la fiel testigo de su lucha contra el cáncer.

De lunes a viernes viaja 2 horas para recibir su tratamiento de radioterapia, su rostro está hinchado, detrás de su oreja su piel parece estarse "quemando", no obstante, siempre regresa a casa con una sonrisa, preocupado por las cosas que tiene que hacer, en lugar de simplemente recostarse y descansar durante su tratamiento de varias semanas.

Aquellos días en los que su rostro expresa cansancio, tristeza y desesperanza se borran inmediatamente con una tarjeta: la introduce en la máquina, selecciona las líneas, el monto de la apuesta y ¡SPIN!

Las imágenes gira, giran y giran, sin darse cuenta han pasado horas desde que se sentó en aquella cómoda silla, varias edecanes han ido a cuestionarle si desea alguna bebida, en ocasiones las ignora, de pronto pide un refresco o simplemente expresa un: "no, gracias" para que se alejen y lo dejen "concentrarse" en pulsar un botón.

Una "buena jugada" de la señora de al lado hace que olvide un momento observar su juego y se centre en el pago de las líneas de su ahora "nueva amiga"; en realidad espera con ansiedad que se levante a cobrar para ocupar su lugar.

Su vejiga retiene líquidos por un tiempo considerable, cuando creo que seguirá en ese asiento por más tiempo repentinamente se levanta con una gran cara de satisfacción, la sonrisa lo delata: ha ganado.

Quizás sólo fueron 300 ó 500 pesos, y seguramente ya había ingresado con anterioridad 600, no lo sé, lo único que me queda claro es que el cáncer fue vencido (por lo menos un día) por un bonus.