17 mar. 2011

Un crucero; dos esquinas

Su mano sujeta una esponja, gotas de agua se derraman al compás de sus movimientos. Es ignorado, no necesita hablar para saber lo que desea, no es sólo su ropa mojada combinada con polvo y un poco desteñida, tampoco su ubicación en el crucero, él quiere dinero; la cabeza gira de un lado a otro, con el gesto de desaprobación que realiza la cabeza de inmediato queda claro que no lo obtendrá de ese vehículo.

Ella porta guantes blancos, muestra sus palmas al frente, sus dos manos tienen sincronía, están firmes. Su boca no se abre en ningún momento, pero su cara presencia un baile, las lineas de expresión se llevan los aplausos; su piel es morena pero lo ha intentado ocultar con una capa de pintura blanca, también está en un crucero y sí, si quiere dinero.

El parabrisas necesitaba ser tocado por el jabón, lamentablemente un mal día del conductor pohibió tal romance, ni siquiera les concedió una oportunidad, esa era la cuarta vez en el día que no le permitía a su vidrio delantero tener aventuras con “cualquier” detergente.

Los diez dedos quedan a pocos centímetros de los cristales, simulan tocarlos. Los pasajeros olvidan el tráfico, se ciegan de los colores del semáforo , prestan sus sentidos, excepto el del oído, a cada ejecución del inusual suceso. Ellos sí emitian sonidos, reían.

Cuando otros permitían la unión de estos elementos, el claxon era el primero en sufrir, en cada “alto” se debía esperar la consumación de la relación para poder avanzar; antes o después de la jornada laboral, siempre estaban ahí, era automático el rechazo a dirigirles si quiera una mirada, mejor ni pensar en un peso.

Otros automovilistas envidiaban al privilegiado vehículo, su vista dejaba de ser periférica para centrarse en una sola persona. Era claro el deseo insacible del tacto por tocar el parabrisas, había una barrera invisible que los contenía. Pero al final el placer llegaba, se bajaba el vidrio y unas monedas tenían un vínculo satisfactorio con aquellas manos, protegidas, no con látex pero si con tela blanca.

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