9 oct. 2009

Tú, ¿sexo vainilla u otro sabor?


El intenso calor cotidiano ocasiona que te dirijas a tú nevería preferida, llegas sin saber que pedir, el nocivo sol produjo un desgano total en tu apetito, sin embargo decides no irte con las manos vacías y pides lo de siempre, una bolita de vainilla, para que desgastarnos en pensar el sabor que queremos; “¿con chocolate, lunetas, o algo arriba?” Preguntan, a lo que tú instantáneamente dices que no: - “Así sola está bien, gracias”-.

Con la idea cultural de que la vainilla es el sabor básico para los helados, la actualidad se apodera de esto y transforma un sabor común de nieve en una tendencia sexual, que redefine la forma de tener relaciones con otra persona creando el: “Sexo Vainilla”.

¿Cómo se come?, de manera clásica y un tanto antigua, se cree que en la Edad Media el sexo únicamente se utilizaba como el proceso de reproducción, netamente para concebir, no por la necesidad de placer, así que se denomina “sexo vainilla” a las relaciones sexuales sin variaciones, aquellas con actitud conformista, sin resultar espectaculares y mucho menos aventureras.

Aunque se crea que el simple hecho de tener sexo resulta estupendo o excitante, la realidad es otra, debido a la constante evolución de tendencias, ideas y sobre todo educación sexual que se ha venido modificando, para aquellos que utilizan juguetes sexuales, intercambian parejas constantemente, o simplemente tienen un bagaje sexual amplio, el “sexo vainilla” suele resultar espantoso.

Y posiblemente no sólo para ellos resulte aburrido, sino que a ciertas personas no les agrade esta tendencia, pero ¿qué pasa si su pareja no tiene iniciativa sexual?, simplemente se convierte en un “compañero/a vainilla”, término denominado para aquellos que no disfrutan de las maneras atrevidas del sexo, sin juegos preeliminares, sin una variable de posiciones y a menudo fugaz: el conservador.

Al iniciar una vida sexual la mayoría realiza el “sexo vainilla”, sin embargo con el paso del tiempo, con la confianza de una pareja fija y una relación establecida, este puede transformarse en una variedad infinita de sabores, más atrevidos, imaginativos o exóticos.

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