4 dic. 2009

Tercera edad, distintas dimensiones



Su pelo canoso externaba sabiduría, su experiencia se mostraba en las arrugas de sus manos; aún así intentaban esconderlo, ellas vestían de manera moderna sin perder el estilo clásico, sus peinados parecía obras de estilistas profesionales, casi imaginaba sus gestos fruncidos al cerrar los ojos a causa del spray.

Ellos caminaban con elegancia, su anunciada joroba era sometida por el orgullo, su mirada expresaba picardía, y aún así traicionaba la simulación de juventud, sin embargo el típico suéter de rombos con la imagen de abuelo que la mercadotecnia se había encargado de crear, ocasionaba ternura en nuestro interior.

Cargaban bolsas con el nombre de diferentes editoriales grabados en la parte exterior, se percibía fácilmente el esfuerzo de sus articulaciones o tal vez simplemente fantaseé recordando aquellas películas con el señor de barba larga, quién descubría las funciones perfectas que se realizaban al interior del cuerpo humano, pero lo que si era realidad era la diversidad que existía dentro de las bolsas, pequeños, gordos, con ilustraciones, de ficción, etc.…., aquellos en plena juventud, desearían tener el tiempo para introducirse en aquel mundo de letras, mientras ellos, desearían tener la vista y la energía de los menos viejos.

Después de observarlos, los rebasé, pues me esperaban en la salida de la FIL para regresar a mi ciudad, iba un poco adormilada en el asiento de atrás, mis padres platicaban de diferentes temas, cuando de repente unas luces parpadeaban, provenientes de los vehículos que venían en sentido contrario por el otro carril “ha de haber pasado algo malo”, dijo mi papá al momento en que bajaba la velocidad.

Avanzamos varios metros y un hombre con su franela en la mano hacía señas para que desviáramos nuestro vehículo, una camioneta pick up estaba volcada, creímos que había sido una pequeña distracción, pero después en el asfalto distinguimos un hombre de avanzada edad, con huaraches, una camisa azul a cuadros, y posiblemente un rostro manifestando dolor, sin embargo la sangre lo cubría y corría hacía el suelo lentamente, formando un enorme charco.

Su cuerpo se mostraba rígido pero su precipitada respiración desvanecía el pensamiento de un terrible acontecimiento, las ambulancias aún no llegaban y pensaba en aquellos ancianos de Guadalajara, tal vez ya situados en su cómodo sillón leyendo los libros de reciente adquisición, mientras kilómetros más tarde un campesino interrumpió sus labores inevitablemente.


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