17 mar 2011
Un crucero; dos esquinas
Ella porta guantes blancos, muestra sus palmas al frente, sus dos manos tienen sincronía, están firmes. Su boca no se abre en ningún momento, pero su cara presencia un baile, las lineas de expresión se llevan los aplausos; su piel es morena pero lo ha intentado ocultar con una capa de pintura blanca, también está en un crucero y sí, si quiere dinero.
El parabrisas necesitaba ser tocado por el jabón, lamentablemente un mal día del conductor pohibió tal romance, ni siquiera les concedió una oportunidad, esa era la cuarta vez en el día que no le permitía a su vidrio delantero tener aventuras con “cualquier” detergente.
Los diez dedos quedan a pocos centímetros de los cristales, simulan tocarlos. Los pasajeros olvidan el tráfico, se ciegan de los colores del semáforo , prestan sus sentidos, excepto el del oído, a cada ejecución del inusual suceso. Ellos sí emitian sonidos, reían.
Cuando otros permitían la unión de estos elementos, el claxon era el primero en sufrir, en cada “alto” se debía esperar la consumación de la relación para poder avanzar; antes o después de la jornada laboral, siempre estaban ahí, era automático el rechazo a dirigirles si quiera una mirada, mejor ni pensar en un peso.
Otros automovilistas envidiaban al privilegiado vehículo, su vista dejaba de ser periférica para centrarse en una sola persona. Era claro el deseo insacible del tacto por tocar el parabrisas, había una barrera invisible que los contenía. Pero al final el placer llegaba, se bajaba el vidrio y unas monedas tenían un vínculo satisfactorio con aquellas manos, protegidas, no con látex pero si con tela blanca.
11 mar 2011
No sólo ganas dinero en el casino

Desde la oreja, recorre su mejilla, llega a su cuello, baja y regresa en especie de "u" hacia su barbilla; es una cicatriz de aproximadamente 30 centímetros, una delgada línea que es la fiel testigo de su lucha contra el cáncer.
3 feb 2011
Azul y Rojo
Mi gama de colores ha sido duopolizada.
Al ingresar a la primaria, las primeras ideas que marcarían mi vida fueron que una pequña cruz al lado de números representaba sumar (en ese momento sólo una, dos, tres o cuatro cifras); un palito acostado significaba restar. Además de comenzar a formar mi vocabulario con palabras de dos o tres sílabas, (mamá por supuesto fue la primera), y sin duda la más clara, la idea de que los colores azul y rojo eran enemigos.
En mi escuela existía algo llamado Fiesta Atlética, un evento deportivo en el que los alumnos representativos del color azul competían contra aquellos que representaban al rojo.
Toda la escuela se volvía bicolor durante un mes, era una lucha de carteles, mantas, globos, etc… , todo aquello que fuera azul y rojo podía ser utilizado para “imponer”. Incluso se utilizaban personajes del momento para “declarar la guerra”, Bart estaba en contra de Marge, Stich y Lilo eran claros enemigos, pero todo ello terminaba un domingo en donde alguien se llevaba la copa gracias a sus actuaciones.
Viví nueve años esa experiencia, ahora no estoy ni en la primaria ni en la secundaria y mi vida está llena de azul y rojo, pero ahora son luces titilantes, me rodean patrullas, ambulancias, con esos focos enormes que llegan a mis pupilas y ocasionan que se cierren, que decidan no ver su entorno, pero aún así los oídos están alertas; sirenas, no creo que así cantaran las sirenas.
Sin embargo, algo ha cambiado, esos colores han dejado su intensa lucha para convertirse en un vínculo, México está rojo (como lo mencionaba en mi anterior post), se está bañando en sangre y todo a causa del inseparable azul, omitiré decir su referencia pues no me gusta hacer proselitismo político.
20 dic 2010
Rojo, todo es rojo en Navidad... y en México
¡Rojo¡ Indudablemente es el color que decoraba de manera involuntaria la mayoría de tiendas o puestos ambulantes.
Guantes, gorros, orejeras, pantuflas y todo aquello adaptado a la época invernal portaban gráficos o colores connotativos a la Navidad, en especial al señor gordito y barbón (aclaro lo de gordito, sí, porque no vayan a creer que hablaba de Diego Fernández de Cevallos).
Hasta aquellos que no "podían" vender productos conmemorativos a la festividad (comida, herramientas, etc...), decidían "ponerse al tiro" y uniformaban a sus empleados con gorros rojos (verán este color varias veces, se los anticipé), y algunos hasta con cuernos de renos, es más había aquellos que no ocupaban nada pues el señor frío los convirtió en extrañas especies de "Rodolfos".
Y no sólo era un sentido el "privilegiado" por la efusividad navideña, el oído también podía involucrarse con el entorno, escuchando desde el disco navideño de Luis Miguel, hasta los niños cantores de Morelia entonando los mejores villancicos.
Sin embargo la mejor decoración resultaban las miles de personas comprando por doquier los regalos que aparecerán debajo de los árboles, todos buscando "algo especial" para su familia, amigos o compañeros de trabajo, o en su caso "algo barato" para la suegra.
Casi parecería que con tanto fervor de paz, amor y buenos deseos comenzaríamos a abrazar a desconocidos y desearnos ¡FELIZ NAVIDAD! (lo siento, creo que me contagié un poco).
Aún cuando las tiendas estaban atiborradas de personas, la necesidad de llegar el 24 con un regalo en tus manos, era mayor a sufrir menos de 15 minutos entre apretujones y empleados que gritaban precios de un lado a otro , a petición de los clientes.
En una de esas tiendas, escogía distintos aretes (no porque trajera mucho dinero sino porque necesitaba llevar 6 pares para que me respetaran mayoreo), exactamente elegía un par de corazones plateados con pequeños cristales rojos (podrían ser ideales para Navidad ahora que lo pienso) cuando una señora de pelo corto, de clara mayoría de edad "ocultada" o mínimo lo intentaba por un tinte rubio, usaba una blusa manga %BE, lisa, de tela strech y color rojo, además de un pantalón blanco pesquero y zapatos "de señora" cerrados color café, gritó:
-¡A mí no me avientes!-
Volteó a mi alrededor y detrás de ella veo a una adolescente, de 14 años aproximadamente con una bufanda de líneas esbeltas de distintos colores, una chamarra café parecida a las de cuero, pantalón de mezclilla y sus botas del mismo tono.
-Señora, yo no la aventé, estaba viendo pero usted tapa todo el pasillo, yo también quiero ver.- Le contesta la joven.
-Claro que me aventaste, eres una grosera, se dice COMPERMISO (repitiéndolo de manera lenta).-
-Sí, señora lo que usted diga.- Vuelve a responder la joven, pero esta vez seguida de su madre que le dice en voz alta y observando a la señora de blusa roja:
-No le hagas caso, hay personas que no tienen cultura, no vale la pena rebajarnos a su nivel.-
Después de estas palabras, la señora comienza a gritar en toda la tienda que no por el hecho de usar ropa barata que parece cara adquieres cultura,y se pone frente a la joven levantando el pecho constantemente diciendo que aclaraban las cosas a golpes.
Y después de esto los brazos de su madre la arropan, haciendo un escudo ante los manotazos escurridizos que la atacaban.
-¿Usted porqué se mete?- Gritaba la señora.
-¿Cómo que porqué? Pues porque es mi hija y no voy a dejar que la lastime.-
-Ya le hablamos a la policía y si no se retiran se las van a llevar.- Interrumpe uno de los empleados de la tienda al ver el alboroto que estaban causando.
La señora "finta" como si se retirara del lugar y rápidamente intenta abofetear a la adolescente, aclarándole que la iba a esperar afuera.
La joven empezó a llorar y su madre la abrazó fuertemente, ¡eso! Eso es Navidad en el 2010, no hay mejor forma de celebrarlo que proyectando lo que vivimos todo el año. ¿Cuáles pinches gorros rojos en México? ¿Ya se olvidaron que están de moda los pasamontañas? .....
Aunque creo que México todo el año de ha vestido de ¡Rojo!
24 nov 2010
Ganaremos la batalla
Pudiera culpar a cada uno de los rayos de sol que penetraban los poros de su piel día con día. Quizás a sus padres por obligarlo a trabajar arduas jornadas bajo el intenso calor. Se llevaría parte de esto el presidente en turno por no buscar mejorar el desarrollo social y ofrecer empleos dignos a su país. ¿Y porqué no? hasta el mismo Dios por crear algo tan hermoso, inmenso pero dañino.
La verdad es que cuando el cáncer llega a tu padre, no puedes culpar nadie y si alguien o algo fuera responsable de ello es imposible que cambien lo sucedido, esas células ya están en su cuerpo y no puedes regresar al pasado, necesitas inmediatamente pensar en el presente en valorar cada minuto y añorar con fuerzas que exista un futuro.
Resultaba cotidiano hablar sobre las personas de nuestro entorno social que padecían o padecen esta enfermedad, pero, cuando llega a tu familia, tu mundo muta a blanco y negro, no importa nada, en tu cabeza sólo existen recuerdos, ideas de lo que puede pasar, o mejor dicho de aquello que nunca pueda pasar.
Los consejos jamás faltan, las recetas extrañas y algunas hasta asquerosas se vuelven parte de su dieta, las visitas al doctor son más comunes que a la abuela, pero aquello que se vuelve parte de tu día a día son las despedidas, los consejos que nos entrega a sus hijos, la lista de pendientes por hacer y el recordarnos cada momento lo mucho que nos quiere.
Pareciera una regla, la unión de todos los integrantes de la familia al vivir una situación así, pero siempre la cumplimos, estúpidamente siempre cambiamos cuando la muerte ronda a nuestra alrededor, intentamos recuperar el tiempo perdido no solo con él, sino con Dios, los domingos se los volvemos a dedicar.
Sin embargo lo que más se aprende, es la importancia de no perder ni un minuto para iniciar con los tratamientos, no creer que cáncer es sinónimo de muerte, pero sobretodo saber que con una célula de esperanza, es posible matar a todas las células cancerígenas.
22 ago 2010
Viaje a Vallarta, pero no de vacaciones
La banda norteña, los carros del año, las mejores plebes las traigo a mi lado…. (8), grita o intenta cantar a media calle, con su franela en la mano detiene “la melodía” al ver unas descubiertas piernas debajo de una falda de estoperoles, saca la lengua “saboreando” cada paso de aquella joven.
Cruza la calle dando grandes zancadas, aprovechando sus grandes extremidades inferiores que se encuentran cubiertas por un oscuro pants, se siente en el filo de la banqueta, voltea a ver al hombre que está a su lado y con una gran sonrisa en el rostro le dice:
-Tío ¿qué cree? El otro día me fui a Vallarta.-
-¿Y eso?- le responde un hombre con cabello largo sujetado en una pequeña cola de caballo.
-No pues es que haz de cuenta que me fui a pedir dinero, me puse en un crucero y le hacía a la gente la señal de que tenía hambre, como diciendo necesito para comer, (antes de continuar se levanta para complementar su narración con ademanes entusiastas) y no mames wey saqué $1500 en un día (comienza a reírse con una gran cara de satisfacción); estoy pensando en irme a México para sacar más lana-
Y antes de seguir hablando su tío lo interrumpe:
-En México lo único que vas a ganar es una putiza.-
Y antes de permitir que el repartidor emprendiera su camino, se coloca a un lado de la ventana estirando el brazo y dejando la palma de su mano abierto, para no olvidar Vallarta…